A MI QUERIDO NOEL

30 de Abril de 2009

De tus ojos azules a mi mano
lágrimas de cristal están cayendo,
respirando alientos de vida en vano.

Ya llegó tu hora y te estás muriendo,
y aunque te llore y me sienta vencida
me alegraré de no verte sufriendo.

Vas a dejar una huella en mi vida
por tantos momentos, por tantos años,
porque en mi alma ya tengo una herida.

Te he visto jugando y saltando sano,
tan agresivo y tan bravo peleando
que se hace muy duro verte tan llano.

La muerte no entiende qué esté llorando
por verte tan mal, sufriendo y vencido y
mientras me despido, se va acercando.

Ya llega el momento, tienes que partir.
Amigo del alma, Noel querido,
te tengo en mis brazos, deja de sufrir.
Amigo del alma, yo no te olvido.

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LA COMIDA DEL CABRÓN

24 de Abril de 2009

Ayer escuché una frase muy graciosa: “La comida del cabrón”. No pude parar de reír cuando me enteré de qué se trataba. Claro que esto debe saberlo todo el mundo menos yo. No sé si solo es típico aquí en Sevilla o se dice en todas partes pero no lo había escuchado hasta ahora, cuando anoche en la mesa del al lado del bar había dos hombres sentados hablando en un tono muy poco prudente de sus “parientas”. Y tan poco prudente hablaban como yo escuchaba.

-Pues la mía se tira toa la mañana rascándose er coño, y musho día cuando  llego der trabaho me dise que no ha parao en toa la mañana de jasé cosa y que no ha tenío tiempo pa na. Y mencuentro con dos huevo frito con papas. ¡Toy hasta los cohones!

-Po….yo…algo paresío lo que me pasa a mí, omío…que llego revennnntaíto de la peshá que me pegao de trabahá, y tres cuarto de lo mihmo. Me dise que si ha tenío que ir a casa de su mare que sa puesto mala, que el mercao estaba hasta la corsha y han tardao una hora natenderla, que no podía aparcá en ningún lao y ha estao una hora dando güerta…totá…que cuando  voy a comé me pasa iguá ca tí, mío. ¡Y estoy de los frito hasta los huevo!

A pesar de estar emitiendo un partido en directo decidieron no hacerle ni caso y siguieron elevando a los altares a sus mujeres.

-Y mira que la mía cosina que te cagas la jodía, que jase unas manita de serdo con una sarsita que te shupa loh deo. Pero ná…que no hay manera de amarrarla a la casa porque dise que sajoga tor día ahí metía.  Mehón que no se quehe tanto, ponque no sabe la suerte ca tenío de no tené que levantarse to los días pa ir a aguantá a un cabrón.

-¡Dí que sí! Que las muheres de hoy tan tor santo día protehtando por tó. Y ahora no tengas un día de dehcanso que no paran de dar por culo, pa que las ayudes a jasé un montonaso de cosa que disen que ella solas no puén jasé y no te dejan pará en tor puto día.

Luego dicen que nosotras, las mujeres, ponemos verdes a los maridos cuando estamos con las amigas, cuando hay hombres que hacen lo mismo. La diferencia es que ellos se esconden para hacerlo porque son muy machos y nosotras tenemos la excusa de que somos mujeres, como si el cotilleo fuera un gen que viene en el lote cuando naces con una raja entre las piernas.

Después de ver anoche cómo despellejaban vivas a esas mujeres no me extraña que cada día a la vuelta del trabajo, este par de hombretones tenga como menú “La comida del cabrón”.  Tanta verborrea estaba pervirtiendo mis delicados auditivos. Me tuve que reprimir las ganas que me daban de levantarme, acercarme a ellos y preguntarles:

– ¿Qué comerán mañana los señores?

Published in: on 24 abril 2009 at 17:52  Comments (4)  

LA JOYA DE LA CORONA

20 de Abril de 2009

Mañana tengo que llamar al gine sin falta. Lo estoy demorando día tras día porque no es mi mejor momento y la verdad, cuando estoy así, de lo que menos tengo ganas es que de que venga un desconocido de cara conocida a sobarme las entretelas, a meterme los dedos hasta el corvejón y el espéculo hasta donde dé de sí su longitud. Voy a esperar a la siguiente regla y después pido cita.

En la última consulta después de la operación tenía una molestia. Al llegar a la consulta y preguntarme cómo estaba le dije que tenía un dolorcillo, que no era gran cosa, pero que pensaba que él debería saberlo, que para eso sabe de mis entresijos más que yo, por el hecho de que él los ve en primer plano y para eso tiene una carrera, la de “Totelotoco”.

-¿Dónde tienes la molestia?

-Pues….hombre….

-¿A estas alturas te da vergüenza?- Como si una estuviera acostumbrada a hablar del chichi a todas horas.

-Pues sí, coño. Me da y mucha- Bien lo sabes tú, melón.

-Pero tienes que señalarme el sitio exacto para que sepa dónde mirar.

-Ya lo sé, joder, pero qué quieres…no soy contorsionista. Y no querrás que me despatarre y me meta el dedo aquí mismo como si me estuviera haciendo una macoca. Míralo todo y si hay algo anormal tú lo sabrás mejor que yo, que para eso eres el médico.

Lo peor viene cuando tengo que ir a la farmacia. Odio las farmacias porque son unos putos corrales. Es como ir al mercado, donde todo el mundo se entera de lo que compras, donde no tienes ni un rinconcito para decirle al farmacéutico algo que pertenece  exclusivamente a tu intimidad y no a la de todo el puto pueblo.

Una vez examinada me dice que pueden ser hongos. Cada vez que tomo antibiótico los hongos no encuentran mejor sitio donde poner el campamento que en el chirri.

– ¡Pues yo me cago en el puto antibiótico y en su puta madre!

-Mujer…no te pongas así…

-¡Claro! ¡Como tú no tienes una plantación de champiñones en los huevos, qué te importa!

-Joder…

-¡Jodamos!

-Vamos a ver, la cosa no es tan grave. Te voy a dar unas pastillas que tienes que tomar durante cinco días y asunto resuelto. No seas tremendista.

-No soy tremendista. Es que  tú no tienes que ir rascándote lo huevos por la calle, y yo sí la corcusilla. Porque cuando me entra ese picor me es imposible no rascarme y parezco una sarnosa. Y eso jode, qué quieres que te diga…

Me voy a la barmacia, dicho sea el nombre a propósito porque la gente dice que aparca un momento el coche en la parada del autobús para ir a la farmacia, cuando en realidad es para entrar al bar de al lado para ponerse hasta el culo de cervezas. La barmacia para no variar está de gente hasta la puerta porque es muy pequeña y por la tarde está siempre muy concurrida. Mientras unos salen otros vamos entrando, así que siempre está llena. Pido la vez y me la da un hombre de mediana edad teniendo él delante al menos tres personas y yo otras detrás que van pidiendo la vez y se va llenando de nuevo el local. Cuando me llega el turno no sé dónde meterte ni cómo pedir una crema para el picor de la que no tengo receta, solo de las pastillas.

-Hola, dime…

-Hola, ésta receta y -bajo el volumen y le digo en voz baja- alguna cosita para el picor.

-Para el picor ¿de qué?- Me dice muy poco prudente el bicho.

No miro hacia atrás para ver cuánta gente hay porque sé que está hasta el culo y que todos se van a enterar de que me pica el chirri, así que le hago un gesto superexageradodeputamadre con los ojos señalando mis partes pudendas. Pero el bicho no se entera.

-Una crema para aliviar el picor mientras las pastillas hacen efecto-. Le digo casi en susurros. Erróneamente se me ocurre pensar que el bicho sería capaz por la receta de “adivinar” para lo que fuera la crema de los cojones, pero una vez más pienso mal, y ya con la mala hostia me entra tal euforia que decido hablarle claro y me la suda que se entere todo el mundo, porque puede más el picor que el pudor.

-¡La joya de la corona, hijo! ¡Una crema para la joya de la corona! (So torrrrrrrrrrrrrpe)

– Ahhhhhhhh (tontolnabo) vale….. (pareces tonto, bicho).

En las barmacias debería haber el mismo sistema que en los bancos, donde si para hablar de dinero la gente necesita intimidad, en ellas para hablar de ciertas “partes” también es necesaria. Sobre todo, cuando se trata de “La joya de la corona”.

Published in: on 20 abril 2009 at 22:54  Comments (2)  

EGO TE ABSOLVO

18 de Abril de 2009

Menuda “tajá” la del viernes.  No sé cómo me puede caber tanto líquido en el cuerpo. Cuando me suba a la dolorosa me auto excusaré delante del espejo diciéndome que tengo retención de líquidos, aunque lo único que puedo tener es retención de J&B. Si me hiciera una analítica encontrarían unas gotitas de sangre en el alcohol.

-¿Tiene usted tiene problemas con el alcohol?

-No. Me encanta.

Estuvimos celebrando el 27 cumpleaños de Y. la hija de J. La cumpleañera quería ir al bingo y fuimos a echar un ratito. Éramos siete y la liamos parda. Como estamos en plena crisis estaba de gente hasta la bandera. Se puso un escote y cuando se acabe, nos vamos. Así lo hicimos. Menos mal que S. el amigo de las niñas cantó un bingo y una línea y eso hizo que el ratito durase más, porque los billetes se esfuman que da gusto. Parece un truco de magia: ahora los ves, y ahora no. Y te vas con el rabo entre las piernas. Cubata “parriba”, cubata “pabajo”, cubata “patrás”, cubata “palante”. Fui a mear tres veces en cuestión de una hora y cada vez que iba salía un chorro que parecía no terminar nunca. Qué difícil que es mear dentro de la taza a pulsómetro cuando vas cogorza perdida, lo normal es mearla toda. No sé si la gente me miraba porque no iba en línea recta o porque en el espejo del baño me di cuenta de que el rímel estaba ya a su libre albedrío: un churrete negro en el pómulo, un pegote en la comisura del ojo y algo quedaba en  su sitio. Si había algo de pintalabios, no estaba en su lugar de origen y el maquillaje estaba casi todo en el cuello de la camisa. Ya quisiera Picasso haber pintado un cuadro de tal calibre. Y nadie se digna a decirme nada, se lo deben pasar de puta madre mirando la obra de arte.

Dicen por ahí “Hombres de noche, muñequitos de día”, a las mujeres nos pasa lo mismo y el cuerpo está a la mañana siguiente descojonaíto, pero lo volvería a repetir. Me voy al espejo a perdonarme todos los pecados cometidos en la misma noche.

“Ego te absolvo a peccatis tuis in nomime Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amén”. ¡Hala! Ya me siento mejor, mañana otra.

Published in: on 19 abril 2009 at 12:19  Comments (1)  

EL AMOR FERPECTO

7 de Abril de 2009

Hurgando entre mis cosas me he encontrado una tarjeta de visita de un restaurante de las ruinas de Itálica, en Santiponce. Me encanta ese sitio: se come de coña, la atención es buena y el restaurante muy acogedor. No es barato, pero si no se piden entrantes ni postre no te sacan los ojos, como en todos. Es ahí donde te la clavan.

El último día que recuerdo haber ido fué cuando fuimos con I. Como no íbamos los dos solos como de costumbre pedimos las gambitas de los cojones, que las temo porque me encantan y no soy capaz de negarme a la tentación, y mientras me las estoy metiendo entre pecho y espalda no dejo de pensar en cuando venga el camarero con la dolorosa. Además después la carne se la come Rita la Pollera porque me he puesto de gambas hasta las patas. Suelo ser prudente comiendo aunque nadie me vea, pero también estoy harta de eso, y si coincide que es uno de esos días en que me he levantado con las canas cruzadas, entonces me paso las formas por el forro. Y no es que me comporte de mala manera, pero sí con más soltura y descaro que de costumbre.

Recuerdo aquel día como si fuera hoy. Después de devorar las gambas y mientras llega la carne, el riojita empieza a hacer efecto y J. se va a orinar. Hasta en eso soy diferente. La gente orina, yo meo. Si en casa me estoy meando, en la calle también. Yo nunca orino, me meo en todas partes.

Mientras J. le va a cambiar el agua al canario, I. me dice que se lo nota muy enamorado.

-Cómo se nota que te quiere…-dice con cara de melocotón en almíbar- No para de decirte halagos.

-No sé qué decirte…

– ¿¿Y eso?? ¡Si para él eres perfecta!

-Por eso precisamente. Porque soy ferpecta, no perfecta. Si estuviera tan enamorado como parece vería tanto los defectos como las virtudes, y si solo ve éstas últimas, es que ni siquiera me conoce.

– No seas así…lo que pasa es que el amor es ciego, ya lo sabes, y no le importa que tengas defectos porque prefiere fijarse en tus virtudes, que tienes muchas.

Para hacerle rabiar me viene a la mente una frase.

-Bienaventurados los pelotas, porque de rebote irán al cielo.

-No empieces….

-(Termino) Aaaaaaaméeeeeennnn (Me parto de risa)

Se me empieza a subir la sangre de la mala baba y siento cómo se me empiezan a calentar las orejas. I. es buena gente, una feliciana de la vida, pero a veces entiendo por qué no tiene pareja. Ella busca a su media naranja y lo único que va a encontrar es a su medio limón, porque a veces tiene esa mala leche rancia que no soporto y sabe cómo sacarme de quicio. También me juzga por no ser la Madre Teresa de Calcuta con el hombre perfecto.

-I. yo también estoy enamorada de él, y me apuesto (como los niños chicos) a que más que él de mi. Pero soy incapaz de no ver sus defectos. Por eso discuto con él y le riño tanto cuando mancha PERFECTAMENTE la toalla de pasta de dientes, cuando deja PERFECTAMENTE los zapatos, calcetines, la bata y demás familia de prendas de vestir tiradas en cualquier parte, cuando me mete prisa enfadado porque llegamos tarde a alguna parte y al final me toca PERFECTAMENTE esperarle a él. Estoy enamorada, pero el amor No es ciego.

-¡Joder hija! Qué carácter…

I. ha dictado sentencia con esa frase. Y es que no puedo decir las cosas como las pienso y siento porque me paso la vida entre “jueces y juzgados”.

Por lo que tarda J. se debía estar meando desde que era pequeño. Pero hablando del rey de Roma…

-¿Qué…? ¿Estás a gustito?-Me dice acariciándome el hombro mientras se sienta.

-Sí vida, te estaba despellejando vivo  (Sabe que si le pongo a parir se lo cuento de inmediato. Para eso también soy gilipollas).

J. se ríe porque nunca piensa que lo hago a mala leche, y piensa bien, pero también sabe que si lo hago es porque manifiesto algún malestar que no acaba de quedarle claro. Porque no quiere, o porque como él no le da importancia a algún asunto, yo debería hacer lo mismo. Otra sentencia y más de lo mismo.

A I. le gusta J. y me lo dice con la confianza con que las amigas se dicen las cosas. Yo le agradezco la sinceridad y me quedo tan ancha, porque sé que ni él es del estilo de ella, ni ella el de él. No me imagino a I. con un tío que quiera hacer un ápice más allá de la postura del misionero. Ni a J. conviviendo con una tía con la que cada vez que termine de echar un kiki, le tenga que dar gracias a dios por “los favores recibidos”. Sé que con ella puedo estar tranquila, porque mientras ella orina, yo meo.

Published in: on 7 abril 2009 at 23:22  Comments (4)  

LOS PERROS TAMBIÉN LLORAN

7 de Abril de 2009

Un llanto lejano y un ronco quejido escuché en aquel monte mientras paseaba.

Seguí aquel sonido, lamento profundo y buscando por todo, me desesperaba.

Mirando a lo lejos vi un perro a tu lado, te daba la espalda mientras se alejaba.

Por fin te encontré y tanta prisa me di, queriendo ayudarte que hasta me caí.

Cuando me acerqué, te vi en aquel árbol inmovilizado y también aterrado.

Las patas atadas y alambre de espino del cuello colgado. Todo ensangrentado.

Mis manos temblaban, tus ojos lloraban, no puedo olvidarme de aquello que vi.

Solo una navaja y torpeza en las manos, pensando en soltarte, el tiempo apremiaba.

Con mucha paciencia corté aquel alambre y solté aquellas cuerdas mientras me mirabas.

Temías que yo, minutos atrás, fuera el mismo perro que te condenaba.

Por fin fuiste libre y viniste hacia mí, lamiste mi cara y me hiciste reír.

Porque cuando naces no escoges la raza ni entiendes de caza. Y en vez de educarte, decide colgarte. ¡Más perro es el perro el que quiere ahorcarte!

Pero es tan cobarde, que tiene que atarte para torturarte. Ya solo faltaba como en el toreo, que al verbo MATAR, le llamen “arte”.

Me gusta mirarte porque eres feliz, lo dicen tus ojos. ¡Qué suerte encontrarte! Acércate a mí, amigo del alma, para acariciarte.

Published in: on 7 abril 2009 at 13:45  Dejar un comentario  

¡¡ZORIONAK AMOR!!

6 de Abril de 2009

En el día de tu cumpleaños te dedico éstas palabras. Y aunque no son ni mucho menos románticas,  así me salen del alma.

Para ti, amor. Que pases un feliz día. ¡¡¡ ZORIONAK !!!

A los soles que nacen quemando, por las lunas que siguen cayendo.

Por las luces que ayer alumbraron, a las sombras que siempre acechaban.

A las huellas que nunca pisaron, por los muertos que un día se fueron.

A los niños que mueren luchando, por los sueños que nunca tuvieron.

Por las voces eternas que claman, a personas que nunca nacieron.

Por los montes helados que lloran, a las noches que apagan tus ruegos.

Por las manos calientes que ofrecen, a las bocas que nunca comieron.

A los besos que nunca nos dimos, por amores que esperan sufriendo.

Por abuelos que mueren a solas, por familias que los olvidaron.

A las bocas calladas que guardan, los silencios que duermen eternos.

A la vida que esconde otra vida, con espejos que no hayan respuesta.

Por la sangre del puño que hierve, por la herida que cierra despacio.

Por las sillas de ruedas que vuelcan, intentando subir la escalera.

A los tiempos vividos sin gloria, por los años de paz venideros.

Al silencio de los maltratados, por las manos que imponen justicia.

Por los padres que esperan llorando, a los hijos que nunca volvieron.

De morir en las manos del hombre, a vivir democracia en la tierra.

A las gentes que claman justicia, por la sangre caliente en el suelo.

Por los puños que cortan con tinta, los grilletes de tantos esclavos.

De animales que mueren de pena, por los dueños que los abandonan.

A la gente que deja su tierra, por buscarse un futuro en la nuestra.

Por aquellos que nunca llegaron, y en el agua sus sueños quedaron.

Al bolsillo de todo el gobierno, por comprar la verdad y los sueños.

Por las bocas calladas que un día, pedirán libertad a sus “dueños”.

Y a esa paz embustera que anuncia, que debemos tener confianza,

en el nombre de aquellas personas, que murieron con esa esperanza”.


Published in: on 6 abril 2009 at 20:03  Dejar un comentario  

MI CARMENCITA QUERIDA

5 de Abril de 2009

Después de tanta espera, hoy he recibido un correo de mi Carmencita del alma. Carmen es una antigua ex-compañera de trabajo de lo que  entonces era “El hostal La Collada” y que hoy se ha convertido en un balneario. En el tiempo en que trabajamos juntas hubo de todo, como en botica: risas y llantos. Las condiciones y el sueldo de mierda que teníamos hacían que hubiera más lamentos que otra cosa, pero sabíamos hacer de nuestra capa un sayo para que las jornadas de trabajo no fueran tan jodidas. Y aunque en todos los trabajos todos los días son diferentes, el día a día de un hotel es incomparable al resto. Parece el rodaje de una peli donde hay de todo: amores, desamores, chivatos, pelotas, rastreros, frikies, buena gente, mala gente, mentiras, celos, envidias, flojos, trabajadores, gente que no te traga, gente que te adora, jefes cabrones, buenos jefes, mangantes, liantes, risas, llantos, patadas, empujones, tirones de pelo, insultos y una lista interminable de ingredientes que hacen de cada día una aventura.

Ella era jefa de comedor, yo gobernanta y cada una a lo suyo. Pero para eso están las zonas de personal, para hacer encuentros furtivos cuando nos teníamos que decir algo “urgente” y para juntarnos y chafardear en los momentos de descanso. Sobre todo para vestirle de bonito a nuestro jefe al que todos llamaban”Señor Massip”. Todos menos yo, que para joderle le llamaba “jefe” a secas. Para mí ningún superior merece el tratamiento de señor solo porque  me de una cantidad de dinero a cambio de realizar una tarea para su empresa. Es un intercambio: yo trabajo, tú pagas. Y punto. Tampoco puede ser un señor aquel que me intenta putear constantemente sólo porque protesto cuando tengo que protestar, asi que las peloteras eran constantes y algunas sonoras, pero nunca llegó la sangre al río. Y como a mí no me llamaba señora, yo hacía lo mismo con él. En algunas ocasiones nos puteábamos los dos a la chita callando, y cuando sólo teníamos un día libre por semana, para joder (habiendo dejado planificado el trabajo que se haría en mi ausencia y en complicidad con mis compañeras), me cogía dos días enteros y seguidos en plena Navidad. “Pa cojones, los míos”. A mi vuelta, él habría repartido la cesta de Navidad que le tocó entre todos los compañeros, y al cocinero y a mi no nos dio nada porque éramos los que hacíamos ruido en la empresa y los que le tocábamos los huevos. Asi que de puta a puta, taconazo.

Carmen y yo hicimos buenas migas, aunque aún recuerdo un altercado que tuvimos con los trapos de cocina al poco de llegar ella y cuando todavía no éramos amigas, sino tan solo compañeras. Los trapos, por llamarlos de alguna manera, en realidad eran restos y tenían más años que la tos. Cuando yo llegué a trabajar alli tenáin más mierda que el sobaco de una gitana. Por mucho que intenté no logré quitarles ni la mitad de la mierda ni de la grasa, y como el “Señor Massip” no quería comprar nuevos, eso era lo que había. Un día que Carmen se levantó con mal pie, y casi a la hora de terminar la jornada se puso como una loca hablando de la mierda que tenían y de que eso era indencente. Porque yo no podía hacer milagros, porque me dio una patada en el orgullo y porque eso no era de su competencia, tuvimos una pequeña bronca. Solo recuerdo esa con ella, después nos supimos llevar y algunas veces cuando coincidíamos en el único día que teníamos libre, quedábamos para irnos a Andorra de marujeo o a donde fuera para pasar una tarde o una mañana juntas.

Dos años alli cundieron tanto que no terminaría nunca de contar y hay muchas cosas de ese tiempo que prefiero olvidar. Pero lo que sí quiero es quedarme con las cosas buenas de aquel tiempo, como haber conocido a la que en su día fue mi compañera en ese Hotel, y que con el tiempo se convirtió en mi Carmencita del alma.

Published in: on 6 abril 2009 at 18:57  Dejar un comentario  

MONJA VS PENDÓN

1 de Abril de 2009

Hemos quedado con I. para comer. Es una amiga muy ambigua: coñazo y divertida a la vez. Me gusta la gente divertida porque yo no lo soy. Solo cuando estoy pedo, que es entonces cuando saco todo lo que me reprimo estando sobria. La única pega que tiene I. es que me da la murga de vez en cuando con sus rollos eclesiásticos. Cuando me habla del tema me invento un cuento pornográfico sobre una orgía que se montaron en el portal de Belén y se lo voy narrando a medida que las carcajadas me lo permiten. Sabe que no comulgo con ruedas de molino. No creo en nada, apenas en mi misma y según la época. A I. “El Paquito Chocolatero” le parece un baile porno, creo que todavía es virgen a sus 45 años, aunque se le van los ojos detrás de los tíos y de los culos. De los culos prietos. Debe pasar más hambre que una casada insatisfecha pero a lo bestia, porque éstas al menos mojan: o con el marido de uvas a peras, o con quien se le ponga por delante. Ella me dice con cariño que si no fuera mi amiga le tiraría los tejos a J. Y yo le digo con el mismo cariño que si no fuera tan devota sería un putón verbenero. Cuando me sale la niña del exorcista que llevo dentro le doy una buena dosis de su propia medicina, para que vea lo que jode tener que soportar las murgas de una amiga obcecada con un tema concreto. Y aunque el mío no sea el sexo lo utilizo constantemente para me deje tranquila con su adorado Dios.

-No sé si se te está poniendo cara de clarisa o de ficha de parchís.

-Pero ¿qué dices…?

-Da igual, las dos se corren con el dedo.

-¡Eres tremenda! ¿¿No puedes ser menos obscena??

-No. Nací en pelotas. Era una señal del señor indicándome el camino.

I. dice que todos tenemos un dios. Mi dios era mi trabajo y ya no lo tengo.

La tía no se rinde.

-Por mucho que quieras hacerte la dura acabarás teniendo fe. Dios es omnipotente.

– Bonita…la única dura y omnipotente en la que tengo fe, es en una buena porra. Donde esté un buen bazoka que se quite cualquier crucifijo.

J. dice que me paso con ella. Yo siempre soy la que me paso, la que hace las cosas peor que nadie y la que tiene que contenerse. Los demás pueden darme la brasa cuanto quieran y yo tengo que aguantar sus rollazos estóicamente. Pueden equivocarse y hacer una cagada abismal que siempre serán excusados. Y pueden ser ellos mismos mientras yo tengo que meterme la lengua en el culo y no ser lo que soy. ¡A tomar por culo! De eso nada. Hablaré de lo que me salga de la pipa y como quiera. Me equivocaré cuantas veces sean necesarias y seré lo que soy por encima de todo y de todos. Y si no, cada uno en su casa y “dios” en la de todos. Amiga, hoy estoy un poco cabroncilla, como empieces con tus rollos te voy a sacar los colores. A tí y hasta al camarero. Te voy a cambiar los “hábitos” por medias de rejilla y tacón alto. (Amén)

Published in: on 1 abril 2009 at 14:10  Dejar un comentario  

A LA TERCERA VA LA VENCIDA

31 de Marzo de 2009

Ésta tarde he ido a hacerme una telerradiografía de la columna por tercera vez. La primera me presenté alli sin más y me dijeron que tenía que pedir hora. Una vez la tuve, volví, y justo al llegar mi turno vino a toda prisa una enfermera que le dijo a la recepcionista:

-No cojas más telerradiografías porque se ha fundido la bombilla de (no sé qué coño).

Mira tú que suerte….justo cuando me tocaba, que tenía hora a las cuatro y diez, y eso supuso: que J. pidiera permiso para salir del trabajo antes de tiempo, que viniera corriendo a casa, que nos tragásemos la comida y entrásemos en el coche los dos aún con la boca llena, tener que ir desde casa hasta el centro en plan “Paris Dakar” incluso saltándose algún semáforo en rojo, que al llegar no hubiésemos encontrado ni un puto y jodido aparcamiento, que con los nervios nos pusiéramos a discutir, y que en el último momento encontrásemos a un gorrilla al que había que pagarle algo porque si no lo haces te joden el coche. Todo un éxito. Y toda esa puta parafernalia para que te digan que todo eso ha sido en vano “PORQUE SE HA FUNDIDO UNA BOMBILLA”. Es decir, por una puta bombilla: J. tiene que pedir permiso en el trabajo para salir antes de la hora, tiene que venir a casa a todo trapo, engullimos algo de comida, nos metemos en el coche diciéndonos quién coño sabe qué porque ni nos entendemos hablando mientras masticamos, conduce como si le fuera la vida en ello arriesgándose a tener un accidente, llegamos y nos volvemos locos buscando aparcamiento, discutimos, le paga a un gorrón por indicarle un hueco donde aparcar LIBRE de pago alguno, (solo en esos momentos me alegro de que existan los gorrillas. Egoísmo puro, todo sea dicho) y cuando llega mi turno ¿¿¿me dicen que no puedo hacerme la prueba porque se ha fundido una puta bombilla??? ¡¡Anda a tomar por culo…!! ¿¿Me van a contar que una clínica no hay una jodida bombilla de recambio?? Le miro a la pobre enfermera con cara de Mr. Hide, la cual me doy cuenta de que lo nota a la legua y me empieza a dar toda clase de explicaciones habidas y por haber, de cómo sin esa bombilla no se atreve a hacer la prueba por si me cortara las vértebras o se quedara corta en alguna parte. Pienso que no supe esconder la malísima hostia que se me puso al saber que eso suponía otra odisea igual, ya que las horas para esa prueba son más o menos en esa franja, lo que suponía otro día a la carrera.

Hoy hemos llegado a tiempo y J. ha encontrado aparcamiento justo enfrente de la línica y sin gorrillas. Cojonudo. Iba todo tan bien que pensé que se tenía que joder el asunto por algún lado para no perder las buenas costumbres, pero por una conjunción de algunos planetas aún desconocidos me equivoqué y todo hay ido bien. Hasta que al entrar la enfermera me dice:

-¡Hola! Mira, la bombilla que se fundió el otro día era ésta, es que sin eso no me atrevía a hacerte la prueba.

-No te preocupes. (¡Que remedio…!) Hoy por fin será psoible.

-Quítate toda la ropa y te quedas con las braguitas y los calcetines y te pones la bata abierta por detrás. (Hoy follo con calcetines. ¡Arriba el romanticismo! Me viene el recuerdo de la visita al gine. Éste parecía venir directo a echarme un kiki. Me equivoqué, pero hoy me enculan directamente. ¡Hostias, hoy sí que sí!).

Con la puta prisa y con la manía de dejarlo todo arreglado en casa antes de irme como quien se va de vacaciones, me he olvidado al ir a la ducha de coger unos calcetines limpios, y me he puesto corriendo los de andar por casa, que son de invierno. Monísimos ellos, a rallas horizontales negras y blancas  y me llegan por encima de las rodillas. Odio a muerte esas batas, me recuerdan al puto hospital, los pobres pacientes andan arrastrando ese chisme que parece un perchero para transportar la bolsita del suero, mientras se alejan por los pasillos asomando por detrás con la bata abierta, la ropa interior y la espalda al aire. Ya, como que a uno cuando está enfermo eso le importa un pito, pero la sensación de abandono por parte del hospital a mi parecer, es grande. Ya de gastarse un dinero en semejante trapo, podrían tratar a los enfermos como personas y ponerles como en algunos sitios hacen, un pantalón y esa especie de camiseta con el cuello en forma de pico.

Mientras espero a que me llamen le digo a J. que si hoy hay algún otro problema, rompo el volante y no vuelvo. Me voy al traumatólogo con las radiografías normales y sin esa y que se apañe. No tengo paciencia para tanta chorrada ni pienso hacerle pasar a J. las de Caín otro día más por una mierda de prueba, para que encima (eso espero) me diga el trauma que el problema es de sobrecarga muscular y no de la columna. Me voy al cambiador y me quedo en los paños menores y minúsculos que me ha indicado la enfermera. Pero cuando me miro los pies y me doy cuenta del olvido, me da la risa. Me descojono alli sola pareciendo una tarada mental y decido salir en bragas, descalza y a lo loco. No pienso salir con esos caletines-medias ni muerta. Asomo por la puerta descalza y las dos enfermeras me miran directamente a los pies. Me doy cuenta, pero yo a mi pedo, me la suda el descaro con que lo hacen. Siguen a lo suyo y por fin me hacen la puta telerradiografía. Menos mal que no tengo que volver otro día a por ella y me la dan al ratito. Espero no tener que volver hasta dentro de otros 20 ó 30 años, porque para entonces ya tendré la memoria perdida y seré capaz de irme con una escafandra en la cabeza, como hoy con los calcetines de cuello vuelto.

Published in: on 1 abril 2009 at 0:07  Dejar un comentario