¿INTOLERANCIA O IGNORANCIA?

08 de Junio de 2009

Ayer ya salió en el bar el cabestro de turno de cada elección, hablando en nombre (al menos eso parecía) de todos los cabestros que piensan como él, porque él sí vota. El típico saltapatrás que se envalentona el día de las elecciones (me apuesto a que en todas), poniéndose muy bien puesto él para decirnos a los que no votamos, a mí en este caso, que “no tenemos derecho a protestar” por no votar. Es decir: un borrego se cree que puede quitarme mis derechos por no balar como él. A lo mejor es que soy una loba con cara de borrega y nadie se ha dado cuenta de que lo mío es aullar.

Y yo me pregunto también cada vez que hay elecciones, que para qué mierda perdería el tiempo con ese monólogo hasta que le llegó el turno del mío, si es la saliva más inútil que he visto gastar en boca de un parraplas. Como si los que no votamos nos fuéramos a sentir intimidados (vergüenza me da escribir esa palabra) por hacer con nuestras ideas lo que nos sale de las reales pelotas. O si por decirlo a bocinazo limpio en un bar, fuera a conseguir que recapacitara y fuera corriendo a encestar un papelito de mierda, con unos ideales de mierda de algún partido de mierda, en una urna de mierda. Por favor…con el día que me pegué ayer, domingo, rascándome las pelotas todo lo que pude salvo servicios mínimos, que para eso soy ama de casa. ¿A donde vas tú, lorito pelón, con tanta verborrea, si me voy a pasar como comprobaste después de no saber ni lo que decías, tus palabras por el forro de mis queridas entretelas?

No voto porque no me sale de los huevos. No voto, porque yo no he elegido a mi representante. No voto porque es domingo y tengo mejores cosas que hacer, como rascarme la pipa entre otras que no son de tu interés. No voto porque me van a hacer el mismo caso que a ti, que sí lo haces: ni puto caso. No voto porque no creo en la política y menos en los políticos que alguien escoge por mí. No voto porque me gusta perder el tiempo como yo quiero. No voto porque estoy cansada de mentiras. No voto porque vosotros, los que nos tiráis piedras a los que no votamos, os pasáis toda una candidatura haciéndoos mala sangre por haberos equivocado en el voto y nosotros nos descojonamos de vosotros. No voto porque reírme del que me pone verde por no votar, me regala una sesión de risoterapia por la puta cara. Me sale más rentable no hacerlo. Bonito mío….tú sigue votando y alégrame la vida. Pero antes de ponerme verde, vete a la casa de una de esas personas que conoces bien, que no tienen nada que darle a sus hijos para comer, pero confían en los políticos como tú, y en cada elección están en primera línea con la papeleta en la mano esperando que cambien su suerte.

Tú vota y ponme verde, que me das salud.

Published in: on 8 junio 2009 at 22:46  Dejar un comentario  

LA COMIDA DEL CABRÓN

24 de Abril de 2009

Ayer escuché una frase muy graciosa: “La comida del cabrón”. No pude parar de reír cuando me enteré de qué se trataba. Claro que esto debe saberlo todo el mundo menos yo. No sé si solo es típico aquí en Sevilla o se dice en todas partes pero no lo había escuchado hasta ahora, cuando anoche en la mesa del al lado del bar había dos hombres sentados hablando en un tono muy poco prudente de sus “parientas”. Y tan poco prudente hablaban como yo escuchaba.

-Pues la mía se tira toa la mañana rascándose er coño, y musho día cuando  llego der trabaho me dise que no ha parao en toa la mañana de jasé cosa y que no ha tenío tiempo pa na. Y mencuentro con dos huevo frito con papas. ¡Toy hasta los cohones!

-Po….yo…algo paresío lo que me pasa a mí, omío…que llego revennnntaíto de la peshá que me pegao de trabahá, y tres cuarto de lo mihmo. Me dise que si ha tenío que ir a casa de su mare que sa puesto mala, que el mercao estaba hasta la corsha y han tardao una hora natenderla, que no podía aparcá en ningún lao y ha estao una hora dando güerta…totá…que cuando  voy a comé me pasa iguá ca tí, mío. ¡Y estoy de los frito hasta los huevo!

A pesar de estar emitiendo un partido en directo decidieron no hacerle ni caso y siguieron elevando a los altares a sus mujeres.

-Y mira que la mía cosina que te cagas la jodía, que jase unas manita de serdo con una sarsita que te shupa loh deo. Pero ná…que no hay manera de amarrarla a la casa porque dise que sajoga tor día ahí metía.  Mehón que no se quehe tanto, ponque no sabe la suerte ca tenío de no tené que levantarse to los días pa ir a aguantá a un cabrón.

-¡Dí que sí! Que las muheres de hoy tan tor santo día protehtando por tó. Y ahora no tengas un día de dehcanso que no paran de dar por culo, pa que las ayudes a jasé un montonaso de cosa que disen que ella solas no puén jasé y no te dejan pará en tor puto día.

Luego dicen que nosotras, las mujeres, ponemos verdes a los maridos cuando estamos con las amigas, cuando hay hombres que hacen lo mismo. La diferencia es que ellos se esconden para hacerlo porque son muy machos y nosotras tenemos la excusa de que somos mujeres, como si el cotilleo fuera un gen que viene en el lote cuando naces con una raja entre las piernas.

Después de ver anoche cómo despellejaban vivas a esas mujeres no me extraña que cada día a la vuelta del trabajo, este par de hombretones tenga como menú “La comida del cabrón”.  Tanta verborrea estaba pervirtiendo mis delicados auditivos. Me tuve que reprimir las ganas que me daban de levantarme, acercarme a ellos y preguntarles:

– ¿Qué comerán mañana los señores?

Published in: on 24 abril 2009 at 17:52  Comments (4)  

VERDE QUE TE QUIERO,VERDE

 1 de Marzo de 2009

Mi querido Athlétic perdió ayer contra el Sevilla, estaba cantado pero me quedaba una chispita de esperanza por aquello de jugar en casa. Como dijo Fernando Fernán Gómez: ¡A la mierda! Éste entrenador Sevillano parece que les está metiendo la caña que necesitan. A ver si espabilan, que con eso de “no bajar a segunda” ya está todo hecho.

Ayer sí que había gente en el bar y claro, por ser una fecha “señalada” (28F) todo el mundo iba de bonito menos nosotros (¡cómo no…!) que íbamos de andar por casa. J. tranquilito hasta que aparcó el coche, pero cuando nos acercábamos a la puerta y vio que todo cristo vestía sus mejores galas le dio un poco de apuro:

-Joder, hoy es fiesta y mira cómo vamos-. Por unos segundos parecía dudar de si entrar o no.

-A mi qué me importa, yo no tengo nada que ver con toda esta gente. ¿Quieres ir a cambiarte?

-Noooo-. Pero se le nota que le da cosilla y se sienta rápido. Encima nuestra mesa de siempre está ocupada por una pareja de chiquillos. La mayoría de los días está libre, parece que nos la reservan porque es una mesa muy golosa, está en un rinconcito y se puede hablar con más privacidad que en el resto y aunque haya gente, muchas veces está vacía. Le llamamos “nuestra mesa”. Hay dos muy cerca de la barra y no nos gusta a ninguno porque no se puede hablar sin que los que están de pie se enteren de todo. Otra grande debajo de la tele y el volumen demasiado alto para mi gusto, tampoco es plan de joder una mesa de seis siendo solamente somos dos. Y hay otra al lado de la puerta que separa la zona de fumadores de la de no fumadores que es una puta nevera; no sé por dónde entra el frío pero para sentarse allí hay que llevar un traje de neopreno. Como “la nuestra” ninguna.

Desde hace un par de semanas o tres tengo tanto apetito que me como a cristo por los pies, ese debe ser el motivo por el cual tengo vetada la entrada en las iglesias. J. también parece tener hambre y me pregunta si quiero un churrasco a medias. Para lo que cenamos normalmente es demasiado, pero de vez en cuando nos damos una tregua y disfrutamos como enanos. La báscula sale corriendo cuando me ve y tengo que cogerla a traición. La cabrona lo huele.

-¡Ven bonitaaa! Bisbisbisbisbis…¡No seas tonta que no te voy a hacer nada! (Cuando te coja te arranco un pulmón, ¡japuta!)-. Estoy en pelotas y en la habitación hace un frío que se me encogen hasta las meninges. Nada, que no hay tu tía. Al final espero a que se canse de correr y cuando ya no puede más y se da por vencida…¡Zapa! ¡Ya es mía! Me subo despacito temerosa de que la venganza será terrible. Me mira con cara de mala hostia y cuando marca el peso me cago en todos sus muertos. La “hijalagranputa” me ha puesto un kilo de más. “Pa” joder, más que nada. Mañana a dieta, aunque sea la del cucurucho. “¡Mecagonto!” El churrasco de los cojones se ha instalado cual garrapata en la barriga y ahora no hay dios que lo quite. Los kilos son como las visitas impertinentes : no se van ni con agua caliente.

-¡La madre que me parió! Con lo a gustito que estoy comiendo ahora…y ese churrasco con ali-oli….y ese “montaíto” de peshuga con queso y tomatito….aaaagggggggggg. ¡Qué rico…! Pero “to pa” la caderas y “pa” la barriga. Lo dicho, ensaladas tocan a maitine.

Tengo una boca cojonuda para hacer dieta porque me encantan la verdura, los cereales y todo lo integral, pero el estómago no me acompaña con este apetito voraz. Yo en vez de un balón gástrico necesito un balón de playa.

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Acabamos de venir de comer un platito de paella. Hoy se han lucido el pelo, el plato era hermoso. Cuando lo normal es que deje algo, hoy he intentado comerme hasta las almejas que estaban cerradas, pero no las he podido abrir ni asustándolas. Todo me sabe a teta. La gente dice que eso es bueno pero a mi me jode, si fuera una sibarita con la comida me gustarían pocas cosas, o solo las “buenas” y entonces comería menos. Pero no, me tiene que gustar TODO. La japuta de la mesa de al lado se estaba enguyendo unas gambitas de Huelva, con una pinta de frescas de cojones y un olorcito que me llegaba hasta la pituitaria, y comentando con el hombre que la acompañaba:

-¡Hay que vé qué güenas están, hiho..! No sé yo si pedí otra rasionsita-. La leche que mamó la tía. ¡Qué ganas de ir a su mesa y zamparme las pocas que quedaban! El marido o lo que fuera el pobre cuitado con una cara de pena de cojones, que casi no se había comido un par cuando la mula parda tenía el plato de cáscaras hasta “la corcha”. La paella muy rica, pero tiene unas gambas de chichinabo que hay que bucear en el arroz para encontrarlas, y la tía chupando las cabezas de las suyas que comparadas con las mías parecían carabineros. Al final decide pedir otra ración y echa en el plato de él su montaña de cáscaras. Cuando llega el camarero con las gambas, retira el plato del marido que no sabe dónde meterse con cara de “yo no he sido”, mientras la mujer trata de sacarse algo de entre los dientes. En el intercambio de platos el camarero se dirige al hombre y le dice:

-Veo que le han gustado. Las han traído esta misma mañana y están frescas.

-Sí…están buenísimas. Hoy me pongo malo…

Mala me estaba poniendo yo viendo a la zampabollos tragar y tragar, y con lo que me gusta la paella me estaba empezando a saber a nada con el olorcito del marisco. Yo mañana ni dieta ni ná. Cuando veo las cantidades de comida que se mete la gente entre “pesho y esparda”, me doy cuenta que nosotros en realidad comemos una cantidad ridícula. Como bien decía mi ex-marido:”bastante puñao son dos moscas”.

Published in: on 1 marzo 2009 at 20:06  Dejar un comentario  

¿QUIÉN SE RÍE DE QUIÉN?

25 de Febrero de 2008

Acaba de empezar el partido del Olympic de Lyon contra el Barça y nos vamos en un ratito a tomar la tapita al bar. Me voy a descojonar viva porque a algunos hombres parece que les va la vida en ello. Donde vamos no suele haber mujeres gritando por un partido, pero también las hay que vocean y lo viven igual que ellos. Lo que me molesta es que no son capaces de hablar  y levantar la voz en momentos puntuales, sino que lo hacen durante todo el partido y salgo medio sorda. Puedo escoger no ir cuando haya fútbol pero entonces no iría nunca, porque los hay casi cada día y coinciden con la hora en que vamos. Va a ser que no. Tendré que tomar la determinación de hacer oídos sordos y estar a lo mío, pero es que entre nosotros no nos escuchamos y acabamos también a bocinazo limpio, cosa que odiamos los dos. Vamos, que se entera todo el bar si tengo que decirle algo comprometido, como en uno de tantos partidos que hubo una noche, que como era uno de esos que le llaman “importante” había más gente de los asíduos aunque no estábamos muchos. Aquella noche había un “ganao” bien surtido. Unos de pie en la barra con sus tapitas y cervezas aún con la ropa de trabajo, otros vestidos de bonito también con tapa y cerveza engominados hasta el sobaco, otros con un bocata y un refresco, y otros con algún cubata de más a pesar de la temprana hora. Los comentarios eran los típicos de la mezcla de un “buen” partido, del alcohol y de unos cuantos hombres que corren más y juegan mejor desde la barra del bar que los propios jugadores en el campo. Todos gritando a la vez y llamando al árbitro de todo:

-¡¡Hijolagranputaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!! ¡Que no tienes ni puta idea! ¿¿Te quieres ir a tomar “pol” culo, yaaa??- Poca gente, pero abultan como un estadio entero con esos vozarrones varoniles, que más les valía apuntarse a una coral. -¡Que falta ni que faltaaaaaa! ¡¡¿¿No lo has visto, casho cabrón??!! ¡Peaso mostrenco, dos patadas en los huevos te daba yo!-. Me acordé de repente de que no le había comentado a J. que me había salido un bultito en la ingle, de esos de grasa que no tienen importancia pero joden, porque se van haciendo cada vez más gordos y si no los reviento a tiempo ando como si estuviera escocida. De repente un gol me jode la intimidad.

-¡¡Gooooooooood!! ¡Qué güenooo! ¡Qué golafo tío, qué…golafo!- dice uno con la boca llena, escupiendo restos de bocata y mirando a todo el mundo como si lo hubiera metido él. Solo le faltaba que le hiciéramos la ola.

-Bah…si es que es el puto amo, el mejor jugador de todos los tiempos-. Dice el engominao reprimido, que se moría por hacer aspavientos, pero prefiere guardar las formas que va to trajeao y no debe quedar bien visto.

Se forma tal revuelo que decido aprovechar el vocerío para decirle a J. lo del bulto sin que nadie lo oiga.

-Ésta mañana en la ducha…- J. frunce el ceño y se acerca a mí. No oye ni papa.

-¿Qué? Habla más fuerte que no te oigo con este jaleo.- Hay tal vocerío que parece una manifestación más que un partido, asi que decido levantar un poquito el tono.

– ¡Que esta mañana cuando me duchaba, me he notado…

– ¡Omía…no te oigo NADA!- Me empiezo a calentar como una cabrona porque no soporto no poder hablar por la panda de trogloditas. El partido sigue y ellos dale que te pego con el vocerío. Además lo que quiero decirle es algo íntimo, pero no quiero esperar a llegar a casa aunque no sea importante porque luego se me olvida. Ya tengo tal cabreo que como los gañanes no se callan levanto más la voz para contarle, con tan mala suerte, que en ese mismo instante todos deciden callarse y seguir mirando la tele, y se oye:

-¡QUE ME HA SALIDO UN BULTO EN LA INGLE, COJONES!- Y un silencio todavía más sepulcral invade todo el local. Noto esa sensación en el cogote de que me están mirando, y en vista de la vergüenza que me queda por pasar, decido darme la vuelta como si me la soplara que me hubieran oído mirándoles a todos con descaro. Estoy muerta de vergüenza, pero parece que a ellos les ha dado más apuro que a mi y entonces vuelvo a mirar de nuevo a J. como si nada. La gente vuelve a lo suyo y J. no sabe dónde meterse, ni siquiera me mira, hace como que la cosa no va con él y se hace el loco cogiendo el paquete de tabaco (muy socorrido para no mirar a ninguna parte en un momento inoportuno) y saca un cigarro. Mientras lo hace y todavía sin mirarme coge el mechero y dice:

-Hay que ver chiquilla, lo tuyo no es normal…-Seguro que tiene ganas de salir corriendo y no volver nunca más.

-¡Joder! ¿¿Tengo yo la culpa de que toda esta panda de cabestros hayan decididio callarse todos a la vez??…Pues no, hijo…y te aseguro que más vergüenza que tú estoy pasando yo. Sigue hablando como si nada, si tú le das importancia al asunto también se la darán ellos, pero si sigues a tu aire la gente seguirá a lo suyo y punto-. Y así lo hizo, levantó las cejas con disimulo y fué mirando con tiento a todas partes hasta que vió que nadie nos miraba, salvo alguna descarada a la que se le corta el rollo haciendo con ella exactamente lo mismo y deja de mirar.

Cuando terminó el partido, los hombres se quedaron “discutiendo” las jugadas cual expertos en fútbol, cuando el único deporte que hacen la mayoría de ellos es levantamiento de vidrio y barra fija, porque han de estar alli de pie horas incluso teniendo taburetes libres. Al que le toca la esquina del bar y tiene la pared detrás, se apoya en ella resbalando el culillo en el taburete con disimulo y casi sin tocarlo, como aquello de que no se note que está hasta los huevos de estar de pie y le apetece descansar, pero se ven más machos bebiendo durante horas sin sentarse, aunque me apuesto a que más de uno está deseándolo y no lo hace porque le da cosa ser el único. Como si por eso fuera menos hombre. El caso es que fui a por lana y salí trasquilada. Pasé de querer reírme de ellos a meter la pata hasta el corvejón y que todos se decojonaran de mi. Lo tuve merecido, por chula. Y es que en el fútbol y en la vida, nunca se sabe…

Published in: on 25 febrero 2009 at 19:12  Comments (2)